Feeds:
Entradas
Comentarios

Prueba Facebook

hola  dejando saludos dejen sus comentarios el tema es de interes popular

besitso maria jose fernandez

Anuncios

La Violencia Infantil

Hablar de violencia infantil es referirse a un tema doloroso, es hablar de una lacra de la humanidad que – a pesar de innumerables esfuerzos, propósitos y programas – no pudo ser erradicada. Una lacra aun peor que las pestes y las epidemias que luego de más de 5000 años de civilización y más de 2000 años de la era cristiana, sigue aquí, en la tierra, aferrada y creciente. Una desgracia originada y mantenida exclusivamente por los seres humanos, lo que nos hace dudar de la validez de la palabra humanidad.

Lo cierto es que, desde que el mundo es mundo, a los niños – como a las mujeres – les tocó la peor parte, ya que el concepto de niñez protegida es realmente muy reciente.

La historia nos muestra que la niñez, desde siempre, fue avasallada y sus derechos conculcados o ignorados, temas que a veces desde la actividad física el deporte y la recreación, se ven como lejanos.

La lista de padecimientos que les fueron y aun les son infligidos a los niños es interminable, además de ser cruel y escabrosa y cuantas veces pasa cerca nuestro la posibilidad de ayudar y no nos damos cuenta.

Desinterés y abandono, miseria e ignorancia colaboraron para sostener este estado de cosas, además de pautas culturales permisivas o decididamente crueles, por lo menos vistas desde nuestro punto de vista latinoamericano con fuerte raíz europea.

Es bueno puntualizar ahora éste, nuestro particular enfoque argentino, porque las pautas de cultura en materia de política infantil son sumamente distintas si nos referimos a razas o religiones diversas, y esto es válido aun dentro de nuestro continente americano puesto que, por ejemplo, no se considera de la misma forma a la niñez en la Argentina que en el Brasil.

Para bien o para mal – muchas veces para mal – cada país del mundo adopta y sostiene su particular visión sobre la infancia y por correlación, sobre la violencia infantil.

Sin pretender presentar un catálogo de miserias y crueldades humanas, doloroso y escatológico, creo que es necesario recordar, al menos, algunos de los hitos que la humanidad le ha impuesto a la niñez.

La actitud de la humanidad respecto de la protección o des protección de la niñez ha sido absolutamente pendular, y ha ido y aun sigue yendo desde la protección total que ofrecen los países escandinavos, hasta el abandono y la esclavización que imponen algunos países africanos.

En Inglaterra, cuna de la mayoría de los derechos humanos, los menores son civil y penalmente imputables a partir de los 10 años.

Y esto tomó estado público a nivel mundial cuando hace poco tiempo, dos menores de 10 años, secuestraron en un shopping a un niño de 2 años, y luego de torturarlo con extremo sadismo, le quitaron la vida. Los niños asesinos fueron condenados judicialmente como si fuesen adultos y además recibieron la repulsa social de los ciudadanos, quienes aun hoy se oponen a la libertad condicional con que los victimarios fueron beneficiados.

En Brasil por otra parte, los niños, a partir de los 8 años de edad son considerados trabajadores legales y realizan aportes para su futura jubilación.

Al otro lado del mundo, en la India, los niños en verdaderas hordas, mendigan por las calles y literalmente viven a la intemperie en tanto que las familias más indigentes llegan a mutilar a uno de sus hijos, generalmente el menor, para que se arrastre, provoque más compasión y obtenga mayores limosnas.

En Etiopía, la desastrosa miseria hace que los niños mueran de inanición por miles, cada día.

Todos hemos visto con horror, en la televisión, a esos niños flaquísimos, casi esqueléticos, con sus vientres hinchados por el hambre y sus ojos enormemente abiertos al espanto y la desesperanza.

Y también todos recordaremos esa impresionante escena – ahora un clásico del periodismo – que mostraba a una niña vietnamita corriendo desnuda, para huir de su casa que volaba por los aires durante un bombardeo.

 

 

En el otro lado del péndulo podemos considerar la lamentable realidad actual, con padres que no se ocupan de sus hijos, con deficientes planes educativos, con insuficientes o inexistentes proyectos de contención, con creciente mendicidad, drogadicción, violencia y delincuencia.

UN PENOSO CAMBIO DE PANORAMA

En la última década aparecieron como en Chilenos encontramos con los llamados “chicos de la calle” (llegado al extremo de ser alquilados por sus padres a terceros), que todos los días y a cualquier hora, podemos encontrar en las calles y en los medios de transporte público, en tanto que hasta ahora no se conocen planes oficiales eficientes para solucionar este problema.
Según los estudios y las estadísticas que existen en el mundo, es precisamente a partir de los “niños de la calle” que aumentan la delincuencia y la criminalidad infantil.

En los Estados Unidos – país del que generalmente se supone que está exento de estos problemas – la delincuencia infantil en niños por debajo de los 17 años, aumentó casi quince veces en tan sólo cuatro años, entre 1993 y 1997.

Y en casi toda Latinoamérica la prostitución infantil y la drogadicción bajaron su umbral de iniciación, que ahora oscila entre los 8 y 10 años de edad.

LOS NIÑOS: ¿ANGELES O DEMONIOS?

Aquí también la historia nos enseña que los niños fueron víctimas de diferentes creencias culturales, religiosas o sectarias. Todos hemos visto la idealización pictórica que nos muestra a regordetes querubines con alitas, revoloteando en torno de imágenes religiosas cristianas, mientras que en el otro extremo, muchas de las sectas religiosas occidentales consideran a los niños –cuanto más inocentes mejor – como portadores del demonio y los someten a violentas prácticas exorcistas, a veces con sacrificio de sus vidas.

Pero fuera de estos casos extremos, los pedagogos, psicólogos y sociólogos se siguen preguntando si, en realidad, los niños – en estado puro y sin in influencias externas – son realmente inocentes. Lo que nos lleva una vez más a considerar judicialmente si los niños son o no son imputables, y si su supuesta inocencia natural, los hace incapaces para cometer delitos.

Como ya hemos visto, cada país y cada grupo cultural sostiene sus propias ideas sobre el tema y, por ahora, es impensable pretender una unificación global.

Cuando se produjo el terrible hecho del asesinato de un pequeño en Inglaterra que ya hemos comentado, buena parte de la opinión publica, avalada por los psicólogos de todo el mundo, atribuyó la criminalidad de los niños asesinos a la influencia del entorno de

abundancia y de permisividad, sumadas al acceso incontrolado a los medios masivos de comunicación – más específicamente a la televisión y al cine – con su aporte cotidiano de ejemplos de violencia.

Esta teoría fue global y tácitamente aceptada, lo cual virtualmente liberó a los niños delincuentes de toda culpabilidad porque “ellos no sabían lo que hacían y la culpa la tuvo su entorno” y también liberó al mundo occidental de la pesada carga de tener que condenar a niños de corta edad, aunque tan sólo fuese moralmente.

Hubo consenso general en que los asesinos no sólo deberían ser ininputables sino que, en realidad, eran “criaturas inocentes”.

Pero poco tiempo después, en un remoto pueblecito de un país latinoamericano distante miles de kilómetros de la ultracivilizada y tradicional Inglaterra, se producía otro atroz hecho de violencia protagonizado por un niño.

Las crónicas policiales relatan que, en la comarca de Saguapete, a unos 10 kilómetros de la ciudad de Boaco en Nicaragua, un niño de tan sólo 10 años asesinó a machetazos a otros dos niños, un varón de 10 años y una niña de tan sólo 4.

El hecho de que este terrible episodio haya acontecido en una remota comarca rural, donde no existe la influencia externa del cine ni de la televisión, donde se suponía que la niñez estaba preservada de la perniciosa subcultura de la violencia que aflige al sector urbano, obliga a repensar la supuesta inocencia de los niños y estudiarla bajo nuevos contextos.

Por supuesto yo no tengo las soluciones psicológica y jurídica de estos casos – de hecho hasta ahora nadie las tiene – me limito a enunciar los hechos, dejando a las convicciones de cada lector su propia opinión, y entre todos pensar en como desde nuestra dimensión real, al menos colaborar en la difusión de esta realidad para buscar al menos, sus atenuantes.

Y una opinión generalizada es que los niños creen que la violencia es la forma de solucionar sus conflictos, así como en un jueguito electrónico, donde a los enemigos se los hace estallar o se los parte en dos.

Nosotros debemos ser conscientes de que permitir o alentar que los niños crean esto es infligirles un daño muy profundo, quizá el peor que se le pueda infligir a un menor.

Pero no debemos ser ingenuos, sabemos bien que el afán de lucrodomina a la mayoría de la humanidad y que la violencia y el sexo precoz son un fuerte atractivo para ganar mercados.

Como ya comenté anteriormente, en Buenos Aires y sus alrededores ha aumentado considerablemente el número de menores cuasi mendigos, los que se ocupan de tareas como vender baratijas, abrir puertas de taxis o limpiar parabrisas de automóviles en los semáforos y, últimamente, los que tocan algún instrumento musical para obtener una moneda. Esto significa un cambio negativo, una involución social con futuro incierto y peligroso.

También podemos preguntarnos ¿adonde van a parar las monedas que los niños recogen?

Y la desoladora respuesta será: mayoritariamente a los bolillos de los adultos que los inducen, controlan y explotan, y en una proporción menor, a costear las propias adicciones infantiles como las drogas y los pegamentos inhalantes.

¿QUÉ HACEN LAS AUTORIDADES AL RESPECTO?

Por ejemplo – una de las más populosas del cordón urbano del Gran Buenos Aires, su intendente trató la problemática de la delincuencia juvenil en su marco legal y social, con legisladores, profesionales del área y autoridades policiales, y en fragmento de su disertación, el funcionario dijo textualmente “en la década del 50 no existía la delincuencia juvenil, hoy el tema es muy grave.

El pueblo está enfermo y los jóvenes miran a los mayores preguntándoles ¿qué mundo les dejamos?. Es por eso que todos, con la mayor responsabilidad, debemos estudiar las soluciones para revertir este problema social, debemos aportar soluciones realistas que

tienen que ver con la educación y el trabajo, herramientas indispensables para consolidar un futuro próspero”.

Como en el caso relatado, el gobierno, las iglesias, las instituciones intermedias no gubernamentales y muchísimos voluntarios individuales se están esforzando para hallar soluciones para el flagelo de la violencia infantil y – justo es reconocerlo – a aveces lo hacen en forma casi heroica, como es el caso de los comedores infantiles solidarios, que se sostienen casi sin recursos económicos.

Todo esto es muy loable, pero, evidentemente no alcanza. Hay que sumar más, mucho más.

LAS CAUSAS DE LA VIOLENCIA INFANTIL

Como todos bien sabemos, las causas de este estado actual de cosas son diversas y las responsabilidades tienden a diluirse entre múltiples causalidades concurrentes.

Tan sólo para que sirvan de ordenado recordatorio, repasaremos ahora las más mencionadas, sin que ello signifique que sean necesariamente legítimas o resulten más menos influyentes

1) La pobreza estructural.

Con hogares y barrios marginales donde los niños se crían casi solos, sin atención o amparo individual, prácticamente en las calles y expuestos, desde muy pequeños, a todo tipo de influencias perversas.

2) La alimentación deficiente.

Producto de la pobreza o del abandono, los niños mal alimentados no desarrollan plenamente sus capacidades intelectuales y son más proclives a adoptar hábitos delincuenciales, además de contraer numerosas enfermedades.

3) La impiedad de los adultos.

Quienes guiados por mezquinas ambiciones o por conductas perversas someten a los niños sexualmente o los explotan laboralmente convirtiéndolos en los nuevos sostenes de sus hogares. Los castigan, los abandonan y los inducen a delinquir e incluso a matar, aprovechando tenebrosamente su calidad de penalmente ininputables.

4) La violencia intrafamiliar.

Atribuye gran parte del comportamiento violento o delictivo del niño a la influencia directa que recibió de un hogar desavenido o desestructurado, en el que han imperado el desacuerdo, la grosería y la violencia entre sus componentes. Generalmente con padres golpeadores o alcohólicos que viven en condiciones precarias

5) El abandono.

“Antes los padres se ocupaban mas de sus hijos” es una frase que surge constantemente cuando se investiga la violencia infantil. Y esto es cierto, o al menos, parcialmente cierto. En la actualidad se comprueba una nueva modalidad de abandono de los niños que no necesariamente tiene que ver con el desinterés o la falta de afecto, sino que se vincula con la necesidad de ambos padres de trabajar fuera del hogar, dejando a sus chicos solos y a su merced durante la mayor parte del día.

Y también se deberá considerar ese otro abandono, voluntario y deseado, que los padres justifican diciendo que sus hijos “deben hacer su propia experiencia”, que se les debe otorgar libertad de decisión y no coartar sus libertades.

6) La influencia de los medios de comunicación masiva.

Uno de los temas más polémicos a escala mundial, es el límite entre la libertad de prensa y la responsabilidad del medio que concreta cada publicación.

La mayoría de las opiniones coincide en que los medios deben proteger a la niñez, absteniéndose de exhibir escenas de violencia extrema o de sexo explícito, por lo menos dentro de los horarios en que se supone que los menores están mayoritariamente presentes, porque los medios de comunicación al promover la pornografía y la violencia, naturalizan un proceso peligroso al convertir a la morbosidad en una necesidad. Con sus imágenes violentas y pornográficas violan el derecho a la dignidad infantil convirtiendo en normal una práctica que debería ser patológica.

 

FELIZ FIN DE SEMANA

¿Para quienes? ¡Naturalmente que debería ser para todos!. Todos tendríamos que poder disfrutar del descanso y el esparcimiento del fin de semana, aun aquellos que no trabajan.

Pero la realidad de las estadísticas en los Estados Unidos – razonablemente aplicables también a nuestros propios países – indica que los fines de semana son funestos para los niños, porque durante esos lapsos aumenta considerablemente la violencia intrafamiliar por la presencia de los adultos que no concurren a sus trabajos habituales, y sobre todo, por el brutal aumento del consumo de alcohol y drogas.

LOS DERECHOS DE LA NIÑEZ

Las principales causas de violencia infantil que hemos mencionado, juntas o separadas, han originado, como consecuencia, una conculcación de los derechos sociales de la niñez, por lo que creo que ahora seria bueno recordar cuales son esos derechos básicos.

· El derecho a la vida.

· El derecho a la protección especial.

· El derecho al acceso irrestricto a la educación.

· El derecho al acceso a los bienes culturales (incluyendo el deporte y la recreación).

Y también habrá que ajustar los mecanismos de la justicia, ya que según lo demuestran las estadísticas latinoamericanas, el 85% de los delitos de violencia ejercidos sobre menores queda impune.

A todo esto podríamos preguntarnos ¿hasta que edad un niño es considerado un niño?, ya hemos visto que las costumbres y las leyes del mundo son totalmente divergentes, pero parece lógico y de buen sentido común asumir que un niño es tal, hasta tanto pueda valerse por si mismo, decidir solo, cuidarse y pedir ayuda cuando la necesite.

NUESTRO APORTE

¿Qué podemos hacer nosotros los profesionales de la actividad física, el deporte y la recreación para contribuir a solucionar el gravísimo problema de la delincuencia infantil?.

Yo creo que bastante.

Podríamos por ejemplo, organizarnos para rescatar a los chicos de la calle y a las víctimas infantiles de los fines de semana de su martirio. Y contenerlos, instruirlos, distraerlos y divertirlos o simplemente darles un espacios para ellos.

Nosotros disponemos de algunos atractivos que para la mayoría de los niños son irresistibles.

Que niño no quiere practicar deportes, o simplemente jugar…...

 

Tipos de violencia

  • Violencia estructural: Consiste en agredir a una agrupación colectiva desde la misma estructura política o económica. Así, se consideran casos de violencia estructural aquellos en los que el sistema causa hambre, miseria, enfermedad o incluso la muerte a la población. Serían ejemplos aquellos sistemas cuyos estados o países que no aportan las necesidades básicas a su población. Si nos remitimos a la definición de violencia como la aplicación de métodos fuera de lo natural a personas o cosas para vencer su resistencia, hablaremos de un abuso de autoridad en el que alguien cree tener poder por sobre otro. Generalmente se da en las relaciones asimétricas, el hombre sobre la mujer o el padre sobre el hijo, para ejercer el control. Si bien la más visible es la violencia física, manifestada a través de golpes, que suelen dejan marcas en el cuerpo (hematomas y traumatismos)
  • Violencia emocional: Puede ser más hostil que la primera. Es plasmada a través de desvalorizaciones, amenazas y críticas que funcionan como mandato cultural en algunas familias o grupos sociales y políticos.
  • Violencia cultural: Se refiere a los aspectos de la cultura que aportan una legitimidad a la utilización de los instrumentos de la violencia que hemos nombrado anteriormente. Así, por ejemplo, se puede aceptar la violencia en defensa de la fe o en defensa de la religión. Dos casos de violencia cultural pueden ser el de una religión que justifique la realización de guerras santas o de atentados terroristas, así como la legitimidad otorgada al Estado para ejercer la violencia.
  • Violencia juvenil: Se refiere a los actos físicamente destructivos (vandalismo) que realizan los jóvenes y que afectan a otros jóvenes (precisemos, aquí, que los rangos de edad para definir la juventud son diferentes en cada país y legislación). En todos los países, los principales actores de este tipo de violencia son los hombres, y la educación social es tal que el joven violento lo es desde la infancia o temprana adolescencia. Sin embargo, la interacción con los padres y la formación de grupos, parches, galladas o pandillas aumenta el riesgo de que los adolescentes se involucren en actividades delictivas, violentas y no violentas (acción directa).

Como vemos, la violencia directa es clara y visible, por lo que resulta relativamente sencillo detectarla y combatirla. Las violencias cultural y la estructural, en cambio, son menos visibles, por lo que suponen más problemas a la hora de reconocerlas propiamente, como su origen y combatirlas.

INDICADORES DE AGRESION

Algunos de los indicadores, entre otros, que se pueden dar son:
En el NIÑO:
* señales físicas repetidas ( morados, magulladuras, quemaduras…)
* niños que van sucios, malolientes, con ropa inadecuada, etc.
* cansancio o apatía permanente (se suele dormir en el aula)
* cambio significativo en la conducta escolar sin motivo aparente
* conductas agresivas y/o rabietas severas y persistentes
* relaciones hostiles y distantes
* actitud hipervigilante (en estado de alerta, receloso,…)
* conducta sexual explícita, juego y conocimientos inapropiados para su edad
* conducta de masturbación en público
* niño que evita ir a casa (permanece más tiempo de lo habitual en el colegio, patio o alrededores)
* tiene pocos amigos en la escuela
* muestra poco interés y motivación por las tareas escolares
* después del fin de semana vuelve peor al colegio (triste, sucio, etc..)
* presenta dolores frecuentes sin causa aparente
* problemas alimenticios (niño muy glotón o con pérdida de apetito)
* falta a clase de forma reiterada sin justificación
* retrasos en el desarrollo físico, emocional e intelectual
* presenta conductas antisociales: fugas, vandalismo, pequeños hurtos, etc.
* intento de suicidio y sintomatología depresiva
* regresiones conductuales (conductas muy infantiles para su edad)
* relaciones entre niño y adulto secreta, reservada y excluyente
* falta de cuidados médicos básicos

En los PADRES y/o CUIDADORES:
* parecen no preocuparse por el niño
* no acuden nunca a las citas y reuniones del colegio
* desprecian y desvalorizan al niño en público
* sienten a su hijo como una “propiedad” (“puedo hacer con mi hijo lo que quiero porque es mío”)
* expresan dificultades en su matrimonio
* recogen y llevan al niño al colegio sin permitir contactos sociales
* los padres están siempre fuera de casa (nunca tienen tiempo para…)
* compensan con bienes materiales la escasa relación personal afectiva que mantiene con sus hijos
* abusan de substancias tóxicas (alcohol y/o drogas)
* trato desigual entre los hermanos
* no justifican las ausencias de clase de sus hijos
* justifican la disciplina rígida y autoritaria
* ven al niño como malvado
* ofrecen explicaciones ilógicas, contradictorias no convincentes o bien no tienen explicación
* habitualmente utilizan una disciplina inapropiada para la edad del niño
* son celosos y protegen desmesuradamente al niño

Estos indicadores pueden observarse en otros casos que no necesariamente se dan en niños maltratados, la diferencia más notable es que los padres maltratadores no suelen reconocer la existencia del maltrato y rechazan cualquier tipo de ayuda, llegando a justificar con argumentos muy variados este tipo de acciones; en cambio los padres con dificultades suelen reconocerlas y admiten cualquier tipo de ayuda que se les ofrezca.
Estos representan en líneas generales, en una próxima publicación se irán dado mas antecedentes de cada uno de los indicadores.

La violencia juvenil

violencia juvenil se ha convertido en un problema que genera fuerte alarma social. Su raíz procede de distintas causas: la situación económica familiar y social; la falta de posibilidades laborales dignas; el abandono de los adultos responsables del ejercicio de la parentalidad (madres apesadumbradas y padres desertores o ausentes); el inadecuado sistema educacional, las tensiones de una sociedad competitiva (acumuladora de bienes materiales y carente de valores humanistas); niños incapaces de controlar sus impulsos, medios de comunicación que no promueven valores adecuados que hagan posible la convivencia.

Esta es una sociedad donde reina la anomia (ausencia de valores sociales que guíen las conductas de las personas), se trata de un gravísimo estado de desintegración cultural, que surge cuando las necesidades vitales -tanto físicas como emocionales- no se satisfacen y las personas se frustran progresivamente, para acabar siendo individuos que viven en una situación global de intolerancia y desinterés total por la convivencia. La violencia se “siembra” en los primeros años de la vida en el seno del hogar y la escuela, después en la adolescencia, el medio social estimula la incompatibilidad entre aspiraciones y oportunidades reales de los jóvenes, y la violencia “crece” activada por “valores” culturales que glorifican las soluciones agresivas de los conflictos entre las personas

De modo cotidiano, en los establecimientos escolares de nuestro país se producen conflictos de menor o mayor gravedad entre los alumnos. Burlas, ridiculizaciones, descalificaciones, marginación, indiferencia o abuso de poder, cuyo origen se encuentra en la poca tolerancia a tener creencias e intereses diferentes o bien a poseer características físicas especiales. Sin perjuicio de que las discrepancias sean inherentes a la sociabilidad humana, resulta necesario detenerse a analizar la forma cómo se están enfrentando estas situaciones en nuestra comunidad educativa. Porque cuando los conflictos no son abordados a tiempo o son resueltos en exclusiva por la vía del poder, con la imposición del más fuerte por sobre el más débil, se generan agresiones y abusos que producen daños irreversibles, cicatrices que constituyen tatuajes para el alma.

En la actualidad, estamos siendo testigos de manifestaciones como el bullying, en que el abuso que ejerce una persona o grupo sobre otra puede ser de tipo físico, sicológico o sexual y los agresores se transforman en verdaderos matones para sus víctimas, las que son sujetas del ridículo y la humillación. Algunas de estas actitudes pasan inadvertidas en la vida escolar, porque al tratarse de hechos habituales se han “naturalizado”. Pero el daño es real, indesmentible y afecta a la autoestima y a la confianza de quienes son las víctimas, dañando el clima de convivencia en el colegio y perjudicando la posibilidad de aprendizaje del alumno. Por eso, si queremos hablar de una educación de calidad en nuestros establecimientos de enseñanza, debemos comenzar por trabajar en una construcción colectiva. En ésta se debe ofrecer una solución restaurativa y con un enfoque transversal en la enseñanza, que también incluya en los alumnos competencias acordes con el respeto de los derechos humanos del resto, en una sociedad democrática, inclusiva y pacificadora, respetuosa de las diferencias.

Aprender desde pequeño a canalizar las demandas de justicia con procedimientos como el arbitraje pedagógico, la negociación y la mediación, potencia en los niños la experiencia de dejar de ser sólo sujetos de medidas disciplinarias y pasar a serlo de procedimientos de solución pacífica de conflictos.

La existencia de estas manifestaciones de violencia ameritan la necesidad de incorporar la mediación escolar a la educación chilena, mediante la propuesta de un modelo de intervención cuyo eje central sea la educación restaurativa. Ésta entiende que el conflicto tiene tres caras; una de ellas es la sociedad, que debe responsabilizarse en el proceso de impartir justicia, la que no sólo pertenece a la víctima, al victimario, o a la autoridad escolar como ente regulador, sino a toda la comunidad escolar. De esta manera, se sitúa a estos actores en un equilibrio de poderes y obligaciones respecto de la falta, sus orígenes y sus consecuencias.

La justicia restaurativa permite la reparación y la recuperación del ofensor al reconocer el daño causado y manifestar su arrepentimiento, recibir el perdón voluntario de la víctima.

La mediación restaurativa hace posible la protección de la víctima y su participación directa. Se contempla la coincidencia de sus necesidades de curación con el proceso de reparación del daño material, social o moral que debe presentar el ofensor mediante un proceso educativo y socializante. La víctima explica su angustia y es acogida por el infractor en su afectación personal. El autor del daño asume más responsabilidad y se enfrenta a lo perjudicial de su conducta. La dimensión de la relación humana, primero ausente en la percepción del culpable, se pone aquí en total evidencia. En el otro extremo de la relación se reestructura la imagen del culpable. El odio y el temor difuso tienden a desaparecer.

La sanción a su vez tendrá un sentido no sólo de castigo o represalia, sino de relación directa con la lesión a un bien jurídico que el conjunto social ha estimado relevante y que quiere proteger.


Violencia Intrafamiliar

La Violencia Intrafamiliar es toda conducta que por acción u omisión cometa algún miembro de la familia contra otro abusando de su relación de poder, ya sea dentro del hogar o fuera de éste y que perjudique su bienestar, su integridad física o psicológica, su libertad y su derecho a un pleno desarrollo. La Ley 20.066 de Violencia Intrafamiliar que la reconoce como delito, tiene por objeto prevenirla, sancionarla y otorgar protección a las víctimas. Hay distintas formas de ejercer violencia contra las mujeres:

  • Violencia Física: golpes con los puños o con objetos contundentes, patadas, empujones, etc.
  • Violencia Psicológica: insultos, humillaciones, gritos, intimidación, amenazas de agresiones físicas, etc.
  • Violencia Sexual: forzar físicamente o psicológicamente a tener relaciones sexuales o forzar a realizar actos sexuales humillantes o degradantes, etc.
  • Violencia Económica: negar o condicionar el dinero necesario para la mantención propia y/o de las hijas o hijos.

En Chile, casi la mitad de las mujeres reconoce haber sufrido episodios de violencia durante su vida, el 90% de los casos ha sido ejercida por sus parejas o ex parejas, y, cada semana al menos una mujer es asesinada por su pareja o ex pareja. Cualquier forma de violencia intrafamiliar constituye una grave violación a los derechos humanos de las mujeres, por lo tanto, el Estado a través del Sernam, se ha comprometido a eliminarla, a través de:

  1. Los 58 Centros de la Mujer ubicados a lo largo de todo Chile, atienden a mujeres víctimas de violencia. Cuentan con un equipo de profesionales especializados en Violencia Intrafamiliar, que realizan una intervención integral para:
    • Entregar atención psicológica y social a mujeres que sufren violencia.
    • Proporcionar asesoría legal
    • Generar y fortalecer redes locales para la prevención de la Violencia Intrafamiliar.
    • Capacitar tanto a funcionarias y funcionarios públicos como a dirigentas y dirigentes sociales para la prevención, la detección y derivación de casos de Violencia Intrafamiliar.
  2. Las 25 Casas de Acogida en las 13 regiones del país, que otorgan protección temporal a mujeres cuya vida está en riesgo a causa de la violencia intrafamiliar y que son derivadas desde Fiscalía. Las Casas de Acogida son espacios seguros, que ofrecen a las mujeres en riesgo vital, un lugar de residencia temporal para ellas y dos de sus hijas e hijos menores de 12 años, atención psicológica, social y legal, así como apoyo para la reelaboración de su proyecto de vida.
  3. El FonoFamilia 149 que atiende denuncias y entrega información y orientación a las víctimas de violencia intrafamiliar.

Las mujeres que ingresan a la Casa de Acogida luego de haber denunciado la violencia, pueden ser derivadas únicamente por las FISCALIAS.


Si sufres cualquier tipo de violencia intrafamiliar, recuerda que no estás sola y puedes:

  • Llamar gratuitamente desde cualquier teléfono al 149 FonoFamilia, atendido por personal capacitado de Carabineros de Chile, o
  • Acudir al Centro de la Mujer más cercano a tu domicilio. (ver listado de centros de la mujer en todas las regiones del país)
  • Puedes acudir o comunicarte por teléfono o correo electrónico a la Oficina de Información, Reclamos y Sugerencias (OIRS) de Sernam de tu región, desde cualquier lugar ingresando a nuestro portal http://www.sernam.cl

Violencia familiar

Son innumerables las formas la violencia familiar. Puede pensarse en violencia hacia los mayores, entre cónyuges, hacia los niños, las mujeres, los hombres, los discapacitados, etc. Además siempre es difícil precisar un esquema típico familiar, debido a que la violencia puede ser física o psíquica, y ocurre en todas loas clases sociales, culturas y edades. la mayoría de las veces se trata de los adultos hacia una o varios individuos.

En la práctica el maltrato tiende a “naturalizarse” es decir se torna cotidiano sobre todo a través de conductas violentas que no son sancionadas como tales. Muchas personas que maltratan son considerados (y se consideran a sí mismos) como de mayor poder hacia quienes son considerados ( se piensan a si mismos) como de menor poder. Cabe destacar que las personas que sufren estas situaciones suelen ocupar un lugar relativamente de mayor vulnerabilidad dentro del grupo familiar. En este sentido la violencia hacia los niños y las mujeres, estadísticamente reviste la mayor casuística, en cambio los hombres maltratados son solo el 2% de los casos de maltrato (por lo general hombres mayores y debilitados tanto físicamente como económicamente respecto a sus parejas mujeres). También cabe enumerar la violencia cruzada, cuando el maltrato pierde el carácter de aparente unidireccionalidad. Desde el punto de vista jurídico resulta dificultosa la comprobación. Cuando se trata de violencia física en su mayoría son lesiones leves, las cuales cuando dejan marcas desaparecen en no más de 15 días.

Por lo general quienes padecen estas situaciones tienen reticencia a denunciar lo que ocurre. Los motivos de este recelo ocupan desde hace muchos años a investigadores y profesionales. Por un lado porque se mantiene una espera de un cambio espontáneo de quién agrede, por otro lado se aceptan las disculpas (típicas) de quién agrede, y se creen las promesas que no se lo volverá a hacer (otro rasgo característico), también influye el temor al prejuicio social, las convicciones ético – religiosas, la dependencia económica, el miedo a represalias, la falta de esperanzas en la eficiencia de los trámites jurídicos, etc. Pero quizás el punto más álgido del razonamiento sobre el maltrato se evidencia en el sostenimiento del vínculo violento. En este sentido entran en consideración tanto el aplastamiento psíquico, la baja autoestima, la educación violenta, como también una consideración al suponer una relación signada de vicios y sistemas psíquicos o relacionales, o un posible montaje estructural subjetivo que impide romper el tipo de relación, etc.

Se debe considerar que la situación violenta no solo la padecen quienes sufren golpes o humillaciones, sino también quién propina esos mismos golpes y humillaciones.

Intervienen al respecto los modelos de organización familiar, las creencias culturales, los estereotipos respecto a supuestos roles relacionales, y las maneras particulares de significar el maltrato.

Es el estado el que debe velar por la protección de las personas involucradas, mediante acciones concretas tales como el dictado de leyes y demás normativas jurídicas, y la generación de espacios educativos, de contención e intervención comunitaria. Cabe destacarse que la represión por parte del estado al agresor no soluciona el problema, por lo que resulta esperable el fomento de una pronta asistencia psicológica hacia el, la, o los agresores que en muchos casos ejerce violencia sólo en la intimidad familiar y privada, ya que en otros ámbitos poseen un comportamiento cordial y afectuoso.

Lo primero es que Ud. sepa que sólo Ud. puede controlar su propia violencia.

Cuando se sienta a punto de perder el control recuerde:

  • Procure poner distancia entre Ud. y el menor, aún dentro de su mismo hogar.
  • Si le es posible, dé una caminata lo suficientemente larga que le permita recobrar la calma.
  • Si no puede salir de su casa, concentre su energía en alguna labor fuerte que le ayude a descargar su cólera.
  • Tómese unos minutos para hacer ejercicios y relajarse.
  • Llame a alguien de su confianza y converse un rato mientras se tranquiliza.
  • Piense en algo agradable que le ayude a aliviar su tensión.
  • Tenga presente que su problema no es único. Muchos otros han pasado por lo mismo y han logrado vencer. ¿Por qué no usted?

Busque ayuda profesional